Ciencia ciudadana Se está convirtiendo en una forma cada vez más importante de estudiar la naturaleza en un mundo que cambia rápidamente. A medida que los hábitats se ven alterados por la actividad humana, los científicos necesitan muchas más observaciones de las que pueden recopilar los pequeños equipos de investigación por sí solos. En teoría, la idea parece sencilla: pedir al público que registre lo que ve en la naturaleza y luego usar esas observaciones para responder a grandes preguntas científicas. Sin embargo, un estudio reciente de Kristiina Gibson y sus colegas muestra que las cosas se complican, especialmente cuando estos proyectos aumentan de escala.

La historia comenzó en Estonia en 2019 con un proyecto llamado Buscando prímulas, que se propuso explorar cómo la pérdida y fragmentación del hábitat podrían estar afectando la abundancia relativa de dos tipos de flores en la prímula, Primula verisPara ello, los investigadores diseñaron una plataforma web donde los voluntarios podían registrar cuántas plantas de cada variedad floral encontraban en un lugar determinado.

Captura de pantalla de la plataforma web diseñada para el proyecto realizado en Estonia en 2019 (https://nurmenukk.ee/et), que representa los dos morfos florales de la prímula. Traducción del texto estonio: «Determinar el morfo de 100 individuos de la planta. Si hay menos individuos, determinar el morfo de cada individuo. En el morfo S, varias anteras son visibles desde arriba, mientras que en el morfo L solo es visible un único punto que representa el estigma». Figura de Aavik et al. 2020.

Tras el éxito de la campaña en Estonia, el proyecto se extendió por toda Europa, llegando finalmente a 31 países. Durante el periodo de la campaña, de 2019 a 2023, se obtuvieron datos de casi 8,300 localidades y de aproximadamente 910 000 ejemplares de prímula. Sin embargo, a pesar del entusiasmo de los coorganizadores y de numerosos observadores, los debates durante la campaña revelaron que los mayores desafíos no eran científicos ni técnicos, sino la participación ciudadana.

Distribución de las poblaciones observadas de Primula veris en el proyecto europeo. Figura de Aavik et al. (2026).

Para comprender qué facilitaba y qué dificultaba la comunicación, Gibson y sus colegas entrevistaron a diez coordinadores, encuestaron a otros organizadores académicos y realizaron tres debates grupales en línea con coordinadores de diferentes países. Posteriormente, el equipo analizó estas conversaciones para determinar qué canales de comunicación se utilizaban, qué motivaba a los voluntarios, qué obstáculos surgían y cómo variaban los problemas entre las regiones.

La conclusión más clara fue que el éxito dependía menos de tener simplemente un sitio web o un formulario de ingreso de datos, y mucho más de que la comunicación se mantuviera activa, local y bien respaldada. Las reuniones periódicas en línea entre los organizadores, el asesoramiento de un especialista en comunicación y los materiales traducidos a los idiomas nacionales contribuyeron a que el proyecto siguiera adelante en toda Europa.

Ningún canal de comunicación funcionó a la perfección. Facebook era muy utilizado y permitía llegar a un público amplio, pero las publicaciones podían perderse fácilmente entre la avalancha de contenido en línea, atraer comentarios hostiles o no llegar a los jóvenes. El correo electrónico, los periódicos, la radio y la televisión a veces resultaban útiles, pero también podían ser imprecisos o no llegar a las personas con mayor probabilidad de participar. En algunos casos, los esfuerzos por simplificar la ciencia para el público generaron confusión sobre qué debían registrar los voluntarios. Los organizadores también descubrieron que la comunicación requería mucho más tiempo y esfuerzo del previsto, especialmente para los investigadores que ya tenían que lidiar con muchas otras responsabilidades.

El contexto local importaba igualmente. En algunos países, Primula veris era fácil de reconocer y culturalmente familiar. En otros casos, podría confundirse con especies relacionadas como primula vulgaris or Prímula elatiorAlgunas especies crecen en lugares de difícil acceso o tienen significados muy diferentes para las comunidades locales. En Estonia y Letonia, por ejemplo, las prímulas están ligadas a la medicina tradicional y a las infusiones, lo que facilitó la identificación de la campaña con el público. En otros lugares, la planta tenía menor presencia cultural o incluso despertaba sospechas en zonas donde la recolección silvestre ya era motivo de preocupación. El momento oportuno también era crucial: dado que las prímulas florecen en diferentes épocas en toda Europa, la comunicación debía adaptarse cuidadosamente a las estaciones, el clima y las festividades locales.

Quizás la lección más importante es que la ciencia ciudadana eficaz necesita más que entusiasmo. Necesita organizadores locales, conciencia cultural, financiación flexible y personas capacitadas para convertir los objetivos científicos en mensajes públicos claros. El artículo sostiene que estos proyectos funcionan mejor cuando los investigadores trabajan con especialistas en comunicación, profesores y organizaciones medioambientales en lugar de intentar hacerlo todo solos. En ese sentido, Buscando prímulas No se trataba solo de conseguir que la gente buscara flores. También se trataba de demostrar que, si la ciencia quiere la participación del público, tiene que acercarse a la gente allí donde se encuentra.

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Gibson K, Suškevičs M, Prūse B, et al. 2026. Involucrar al público en la ciencia de las plantas: Facilitadores y barreras de comunicación para la ampliación de una campaña de ciencia ciudadana. Personas y naturaleza. https://doi.org/10.1002/pan3.70248

Traducción al español y portugués por Erika Alejandra Chaves-Diaz.

Imagen de portada de Flocci Nivis (Wikimedia Commons).