La Primera Guerra Mundial (1914-1918) fue un momento decisivo en la historia moderna, recordado por su devastación y conmoción. Al pensar en ella, es natural que nos vengan a la mente imágenes de campos de batalla y destrucción. Pero un estudio reciente publicado en Plantas, Gente, Planeta Nos muestra que incluso en tiempos tan turbulentos, la botánica encontró formas de prosperar.
Christopher Kreuzer y James A. Wearn, ambos investigadores del Real Jardín Botánico de Kew, examinaron especímenes de herbario digitalizados de su institución, así como los del Museo de Historia Natural de Londres y el Real Jardín Botánico de Edimburgo. Estas instituciones han realizado importantes esfuerzos para digitalizar sus impresionantes colecciones de plantas, fotografiando especímenes prensados y subiendo información clave, como dónde y cuándo se recolectó cada planta, quién la recolectó y, en ocasiones, incluso por qué. Como resultado, los investigadores han descubierto patrones que durante mucho tiempo permanecieron ocultos a simple vista o enterrados en catálogos obsoletos.

Kreuzer y Wearn buscaron especímenes recolectados durante los años de guerra, filtrando los resultados por coleccionistas conocidos y lugares relacionados con la guerra. Al encontrar pistas prometedoras, ampliaron su búsqueda para incluir individuos menos conocidos, regiones poco exploradas e incluso colecciones realizadas justo después de la guerra, a partir de 1919. Pero este trabajo va más allá de la historia de la guerra o la catalogación de plantas. Al analizar estas colecciones, Kreuzer y Wearn se propusieron descubrir cómo persistió la recolección botánica durante el caos de la guerra. Sus hallazgos también tienen relevancia moderna, ya que los investigadores argumentan que estos conocimientos pueden orientar el registro de la biodiversidad actual, especialmente en regiones afectadas por conflictos.
Pero los registros en línea solo cuentan una parte de la historia. Para profundizar, los investigadores examinaron los especímenes físicos y sus etiquetas manuscritas originales, revelando a menudo pistas vitales como nombres, rangos militares o lugares de recolección que no se registraron digitalmente. También recurrieron a archivos institucionales y antiguos libros de adquisición para rastrear cómo estas plantas viajaron desde el campo de batalla hasta el estante del herbario.

Este trabajo de investigación botánica reveló más de 4,600 especímenes previamente desconocidos, recolectados durante la guerra por al menos 30 coleccionistas ignorados. Al comparar registros digitales entre instituciones, los investigadores corrigieron errores, reconectaron colecciones fragmentadas y sacaron a la luz campañas olvidadas, como una iniciativa de recolección de plantas a gran escala entre las tropas en... Frente de SalónicaUna de estas iniciativas fue orquestada por el botánico británico John Ramsbottom, quien organizó un concurso de recolección de plantas para soldados. En 1917, observó que «hay una gran escasez de algo que interese a los hombres» y consideraba la recolección una forma de entretener a las tropas aburridas y desmoralizadas. Los autores estiman que tan solo el concurso de Ramsbottom pudo haber producido hasta 4,000 pliegos de herbario. Lo sorprendente no es solo la cantidad de recolección de plantas que se realizó durante la guerra, sino también la coordinación y el valor científico de esos esfuerzos.
Kreuzer y Wearn argumentan que la guerra interrumpió la rutina científica, pero no la detuvo. Al contrario, transformó la forma en que trabajan los científicos. Muchas de estas colecciones ingresaron en archivos institucionales, pero nunca fueron catalogadas ni publicadas por completo, hasta ahora. Y la digitalización no solo ayuda a los científicos; también nos ayuda a comprender las motivaciones de la gente común que, incluso en tiempos de guerra, recurrió a la naturaleza en busca de significado, distracción y descubrimiento.
En el Reino Unido, una encuesta de 2022 reveló que menos de una cuarta parte de las colecciones biológicas contaban con algún registro digital, y solo el 2% se consideraba "lista para la investigación". Esto está cambiando rápidamente gracias a proyectos en lugares como el Real Jardín Botánico de Kew y el Museo de Historia Natural de Londres, que se apresuran a hacer accesibles en línea millones de especímenes. Esta nueva accesibilidad permite a los investigadores detectar patrones y conexiones que antes eran invisibles. Mientras que estudios anteriores se centraban en la recolección de plantas durante guerras o países específicos, el estudio de Kreuzer y Wearn adopta un enfoque más amplio: rastrea las colecciones de tiempos de guerra en diferentes instituciones y décadas. Su trabajo contribuye al campo emergente de... polemobotánica:el estudio de las plantas en el contexto de la guerra, ya sea que se utilicen como camuflaje, medicina, alimento o confort psicológico.
Esta investigación nos muestra que los especímenes de plantas recolectados durante la Primera Guerra Mundial no son solo curiosidades históricas: son registros vivos de cómo la ciencia, la sociedad e incluso la psicología individual se entrelazan en tiempos de conflicto. Gracias a la digitalización, estas colecciones, antes olvidadas, resurge ahora como fuentes vitales de información. Revelan cómo la curiosidad botánica persistió durante el caos bélico, cómo la naturaleza ofreció a los soldados momentos de paz y cómo los científicos e historiadores de hoy pueden aprender de lo que antes permanecía inédito. Ante los conflictos modernos y las crisis ambientales, estos especímenes redescubiertos ofrecen un vínculo tangible con el pasado y un recordatorio de que documentar la biodiversidad, incluso en las circunstancias más difíciles, es crucial para el futuro de la restauración ecológica, la comprensión científica y el espíritu humano.
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Kreuzer, C., y Wearn, JA (2025). Cómo la digitalización de herbarios revela el legado botánico de la Primera Guerra Mundial. Plantas, Gente, Planeta. https://doi.org/10.1002/ppp3.70028

Erika Alejandra Chaves-Díaz
Erika es una bióloga y ecóloga colombiana apasionada por los bosques tropicales, los primates y la divulgación científica. Tiene una maestría en Ecología y Conservación de la Vida Silvestre de la Universidad Federal de Minas Gerais (Brasil) y forma parte de Ciencia Tropical desde 2020, un grupo de divulgación científica que busca conectar a las personas con la biodiversidad y fomentar la conciencia ambiental. Puedes seguirla a ella y a su equipo en Instagram: @cienciatropical.
Traducción al español y portugués por Erika Alejandra Chaves-Diaz.
