Los pastos perennes a menudo se consideran una fuente de forraje, así como materia prima para la industria de la bioenergía. El cultivo de cultivos para biocombustibles podría entrar en conflicto con la demanda de cultivos alimentarios para alimentar a una población en crecimiento. Manfred Klaas y sus colegas han estado investigando cómo dos pastos, Phalaris arundinacea y Dáctilo glomerata, hacer frente a la sequía y el encharcamiento. La capacidad de adaptarse a estas condiciones podría resultar valiosa para el medio ambiente, dicen Klaas y colegas en el Annals of Botany.

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“Las especies de pasto exhiben una amplia gama de adaptabilidad a una variedad de ambientes, pero también son adecuadas como materia prima para la combustión y digestión anaeróbica. Se ha demostrado que el cultivo de pastos en suelos degradados o agotados puede restaurar el contenido de carbono orgánico y las propiedades físicas del suelo. En algunos casos, se puede lograr la máxima producción de biomasa y el mínimo impacto ambiental mediante utilizando pastizales preexistentes."

El equipo examinó el transcriptoma de dos especies. pata de gallo (Dáctilo glomerata 'Sparta') se cree que está bien adaptado para la sequía, mientras que el alpiste de caña (Phalaris arundinacea 'Venture') está adaptado al encharcamiento. Los científicos sometieron a las plantas tanto al estrés por inundación como por sequía. Los autores encontraron que hubo resultados mixtos. “El alpiste de caña mostró una mayor acumulación de biomasa seca y fresca en condiciones de anegamiento, seguido de control y sequía. Por el contrario, para el pie de gallo, tanto el encharcamiento como las condiciones de sequía estresaron a la planta, con un efecto secundario sobre la reducción de la acumulación de biomasa”.

Comprender el transcriptoma y cómo los genes responden al estrés podría proporcionar información útil para criar nuevas cepas de pastos más resistentes. Klaas y sus colegas ven esto como un problema urgente que debe resolverse. “Dado el hecho de que la demanda mundial de bioenergía podría duplicarse para 2030, es evidente que el desarrollo del potencial de biomasa previamente no utilizado o subutilizado es esencial no solo para satisfacer la demanda sino también para evitar posibles conflictos con la producción de alimentos”.