Cuando piensas en plantas, ¿te viene a la mente algún aroma en particular? Quizás el del café recién hecho por la mañana, la lavanda de tu jabón o el aroma cítrico que queda en tus manos después de exprimir limones para tus bebidas favoritas. Estos olores provienen de pequeñas moléculas llamadas compuestos orgánicos volátiles, producidas por las plantas para atraer, repeler o comunicarse con otros organismos, y que a menudo se integran a nuestra vida cotidiana.
En las ciudades, sin embargo, el aire dista mucho de ser una simple mezcla de esos agradables aromas naturales. Dependiendo de la zona, el aire que respiramos puede estar cargado de contaminantes provenientes del tráfico y la industria, relacionados con graves problemas de salud. Como resultado, lo que olemos en las ciudades puede ser más estresante, incluso perjudicial, que agradable.
En un estudio recienteInvestigadores de la Universidad de Oxford y los Jardines Botánicos Reales de Kew evaluaron la mezcla de compuestos volátiles en el aire de seis espacios verdes públicos en Oxford, ubicados a diferentes distancias del centro de la ciudad, desde el Jardín Botánico hasta Bosques de WythamPara ello, utilizaron una pequeña bomba colocada a la altura de la nariz de la persona para “embotellar” el aire de estas zonas. De vuelta en el laboratorio, el equipo utilizó una técnica llamada cromatografía de gases-espectrometría de masas, que separa mezclas de sustancias químicas presentes en el aire e identifica cada componente.

En total, los investigadores identificaron 245 compuestos únicos. Cada lugar tenía su propia "huella química", moldeada por una mezcla de aromas de plantas y contaminación humana. Las áreas más cercanas a carreteras transitadas presentaban altos niveles de sustancias químicas relacionadas con el tráfico, como benceno y tolueno, vinculadas a enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Sin embargo, incluso dentro del mismo parque, un breve paseo hacia vegetación más densa podría ser suficiente para reducir la exposición a estos compuestos. Las áreas más abiertas tendían a mostrar señales más fuertes de contaminación urbana, mientras que los lugares con mayor presencia de árboles presentaban una mayor concentración de compuestos vegetales, lo que sugiere que la vegetación y los suelos podrían ayudar a filtrarlos o descomponerlos.
Junto con estos contaminantes, el equipo detectó docenas de compuestos derivados de plantas, en particular terpenosLas moléculas responsables del aroma a pino, eucalipto y lavanda. Estas sustancias se han relacionado con beneficios como la reducción del estrés, la mejora del estado de ánimo y una mejor respuesta inmunitaria. Si bien todos los sitios estudiados contenían al menos algunos de estos compuestos potencialmente beneficiosos, su abundancia variaba considerablemente. Los entornos cerrados y con abundante vegetación, como los invernaderos, destacaron por presentar niveles especialmente altos de estos compuestos volátiles beneficiosos y una contaminación relativamente baja.
Para comprender cómo cambian los aromas con el tiempo, el equipo también regresó al Jardín Botánico al aire libre, el lugar donde encontraron la mayor riqueza de compuestos derivados de plantas, y realizó muestreos repetidamente durante un año bajo diferentes condiciones climáticas. Es crucial destacar que estas mezclas en el aire no son fijas, y el clima juega un papel fundamental en la configuración de lo que respiramos. Las condiciones más cálidas y húmedas aumentaron la liberación de compuestos vegetales beneficiosos, mientras que la lluvia provocó breves ráfagas de aroma provenientes del suelo y las hojas. El viento, por su parte, a menudo transportaba contaminación de otros lugares. En la práctica, esto significa que el aire en un espacio verde puede cambiar de hora en hora. Un día cálido y húmedo en un parque frondoso, especialmente en primavera o verano, puede ofrecer una mayor cantidad de compuestos relacionados con el bienestar que una tarde ventosa cerca del tráfico.
En conjunto, estos hallazgos sugieren que los espacios más verdes y protegidos, junto con las condiciones ambientales adecuadas, pueden exponernos a una mayor cantidad de sustancias químicas presentes en el aire que potencian los beneficios para la salud de pasar tiempo al aire libre. Si bien convertir estos aromas en recomendaciones de salud concretas requerirá estudios a largo plazo, la investigación demuestra que no todos los espacios verdes urbanos ofrecen la misma experiencia, lo que abre la posibilidad de diseñar espacios más verdes y saludables para quienes los habitan. En definitiva, este estudio ofrece una nueva perspectiva sobre la naturaleza urbana: no solo como algo que vemos, sino como algo que respiramos.
LEE EL ARTÍCULO:
Kay WT, Battle AL, Humberstone M, et al.. 2026. Un paseo por el parque: Identificación de espacios verdes saludables mediante el uso de aromas. Plantas, Gente, Planeta. https://doi.org/10.1002/ppp3.70191
Traducción al español y portugués por Erika Alejandra Chaves-Diaz.
Imagen de portada de WolfBlur (Pixabay).
