A. rango de distribución unedo (gris), frecuencia de haplotipos ancestrales (H2 y H4) y haplotipos derivados. Cada haplotipo ancestral junto con sus haplotipos derivados constituyen un clado, el clado Atlántico (azul) y el clado Mediterráneo (rojo). Las flechas azul y roja indican los movimientos migratorios deducidos de los individuos de cada clado.

Los estudios filogeográficos nos brindan la oportunidad de reconstruir las migraciones históricas de las especies y vincularlas con la variación climática y geográfica. Son, por tanto, una herramienta clave para entender las relaciones entre biología, geología e historia. Una de las áreas biogeográficas más interesantes del mundo es la región mediterránea. Sin embargo, en esta área, la descripción de patrones filogeográficos concordantes es bastante escasa, lo que limita la comprensión de los patrones evolutivos relacionados con el clima. Especies con rangos de distribución unidimensional, como el madroño (Arbutus unedo) son particularmente útiles para desentrañar estos patrones. En un nuevo estudio publicado en AoB PLANTS, Santiso et al. encontraron que el madroño se dividió en dos grupos durante el Cuaternario, pero antes del Último Máximo Glacial, sobreviviendo en refugios ubicados en el extremo occidental de la región mediterránea y con la colonización del Mediterráneo oriental más recientemente. Esta migración fue posible porque Europa y el norte de África estaban ocasionalmente conectados a través de los estrechos de Gibraltar y Sicilia. Asimismo, su evidencia apoya la llegada a Irlanda desde el norte de Iberia en tiempos posglaciales. En conjunto, sus resultados revelan la considerable capacidad de dispersión del madroño, que le permite migrar a lo largo de miles de kilómetros y atravesar tramos de mar, lo que puede ser crucial para su futura supervivencia.