En algunas regiones alpinas, las plantas que se encuentran muy cerca están expuestas a dos tipos contrastantes de estrés abiótico: en las elevaciones más bajas, se encuentran con sequía y altas temperaturas estacionales, mientras que en las elevaciones más altas, se encuentran con la amenaza de daños por heladas. Una de esas especies que viven en las montañas secas del Mediterráneo es la planta de cojín nodriza. Arenaria tetraquetra subsp. amabilis. Estas plantas especie huésped beneficiaria bajo sus copas, mejorando el microclima y la supervivencia de los beneficiarios, aunque las plantas protegidas a su vez pueden tener efectos positivos o negativos sobre el huésped.

En un nuevo artículo publicado en Annals of Botany, la autora principal Ana I. García-Cervigón y colegas estudiaron variación intraespecífica en la anatomía del xilema, la arquitectura y los rasgos funcionales de la hoja de la planta cojín, relacionándolos con la elevación y el hábitat. El objetivo era comprender cómo y en qué medida la planta adapta su sistema hidráulico de acuerdo con su entorno, y qué tan estrechamente vinculados están estos rasgos entre sí.

Imagen: García-Cervigón et al. 2021.

La anatomía del xilema y la arquitectura de la planta mostraron la mayor capacidad de respuesta a los desafíos ambientales, así como la mayor coordinación entre ellos. En las áreas más cálidas, las plantas en cojín eran más pequeñas, con copas más compactas y vasculatura más aislada para minimizar el riesgo de expansión de embolia en caso de sequía severa.

En las áreas más frías, la anatomía del xilema se presentó como vasos más grandes con un área conductora proporcional más alta. Menos rasgos parecían mostrar adaptación al clima del norte, lo que los autores especulan que puede deberse a que algunas adaptaciones al aumento del estrés por frío se compensan con un menor estrés por sequía, lo que produce una respuesta más neutral a elevaciones más altas.

En general, los rasgos estaban menos restringidos entre sí de lo esperado, lo que permitió una optimización más precisa del entorno de la planta. Frente al cambio climático en curso, esto es alentador, porque sugiere que la especie tiene un mayor margen de maniobra fisiológico para adaptarse a las condiciones abióticas cambiantes. "En [este] caso, la independencia de los rasgos en condiciones más duras también podría implicar que cada subconjunto de rasgos está controlado por diferentes factores ambientales, lo que podría permitir un mayor potencial de ajuste frente a futuros cambios en las condiciones ambientales", escribieron los autores.