Como mencioné en mi última publicación cuando discutí nuevos conocimientos sobre El “misterio abominable” de Darwin, las angiospermas han obstaculizado a los botánicos durante muchos años con su ascenso aparentemente meteórico de la nada a la abundancia y al dominio durante los períodos Cretácico y Cenozoico. El momento preciso de su origen ha sido polémico, porque si bien no se conocen fósiles de angiospermas inequívocos anteriores al Cretácico, los métodos de inferencia que utilizan relojes moleculares sitúan la fecha mucho antes, hasta el Jurásico o incluso el Pérmico. Esta discrepancia ha sido referida como la “brecha jurásica”, y puede deberse a cualquiera sesgos en los métodos de datación molecular o la ausencia de suficiente evidencia fósil.

En un nuevo artículo publicado en Ecología de la naturaleza y evolución, el autor principal Daniele Silvestro y sus colegas intentaron desarrollar un método para datar el origen de las angiospermas que tiene en cuenta las lagunas en el registro fósil, sin depender de los relojes moleculares. Utilizando un conjunto de datos que comprende alrededor de 15,000 198 registros fósiles en XNUMX familias de plantas, junto con la diversidad viva de esas familias, los autores establecieron un método estadístico bayesiano para estimar las edades de las familias.
Los análisis mostraron que si los datos fósiles se interpretan teniendo en cuenta la escasa conservación, no se puede rechazar un escenario de origen anterior al Cretácico. “[Hemos] demostrado que las interpretaciones literales del registro fósil pueden ser rechazadas y que la búsqueda paleobotánica de la “angiosperma jurásica mítica” […] está respaldada por el registro fósil actualmente conocido y aceptado; no es solo un producto de la filogenética molecular”, escribir los autores.
Las 198 familias muestreadas para el análisis tenían tiempos de origen que abarcan tanto el Triásico como el Jurásico, y parecen corroborar estimaciones recientes del reloj molecular. “Las tasas estimadas de diversificación a nivel familiar a lo largo del tiempo sugieren una fase anterior al Cretácico de lenta diversificación de las plantas con flores, lo que es consistente con la hipótesis de que las primeras angiospermas eran raras y evolucionaban lentamente. Esta fase fue seguida por una rápida radiación de linajes entre 125 Ma y 72 Ma, como lo demuestra un fuerte aumento en las tasas de diversificación, lo que resultó en niveles crecientes de diversidad taxonómica observados durante el Cretácico”, escriben los autores, señalando que este hallazgo es apoya la postulación de Darwin de una rápida diversificación del Cretácico.
