Algunas veces, lo único que se nos antoja es inhalar los increíbles olores de la naturaleza. Puede ser que salgamos al aire libre para disfrutar del aroma a pasto fresco. Tal vez, acurrucarnos en un sillón con un buen libro y unas delicadas velas florales. Quizá, se nos antoje cocinar con hierbas o especias para dar más sabor. Pero, ¿te has preguntado cómo las plantas producen estos ricos aromas?
La respuesta está en unas diminutas moléculas naturales llamadas compuestos orgánicos volátiles (COV o VOC por sus siglas en inglés). Los COV son la forma en que las plantas “hablan”. Gracias a estas moléculas pueden atraer polinizadores, ahuyentar insectos hambrientos o avisar a otras plantas vecinas cuando hay problemas ambientales. Es decir, lo que nosotros percibimos como un agradable perfume, es en realidad un sistema de comunicación vegetal muy sofisticado.
Las rosas son de los mejores ejemplos. Cuando alguien nos regala un ramo de flores, comúnmente, lo primero que hacemos es acercarnos para tratar de olerlo. Sin embargo, las rosas actuales suelen decepcionarnos un poco; no huelen como esperamos o, a veces, no huelen para nada.
Pero, ¿por qué las rosas han perdido su aroma? y aún más importante, ¿cómo recuperarlo?. Estas son las preguntas que responde la Dra. Mariana López-Gordillo en su última publicación donde investiga los mecanismos moleculares detrás de la biosíntesis de COV usando la rosa como modelo de estudio.
Como el aroma de las plantas es un mundo muy complejo y extenso, nos sentamos a discutir con López-Gordillo para ayudarnos a comprender la química de los olores.

Esta entrevista ha sido modificada por motivos de longitud y claridad.
¿Cómo es que te adentras en el mundo del aroma de las flores?
"Me fascinó el hecho de que estudiar el aroma de las flores conecta muchas áreas de la biología: la genética, el metabolismo, la evolución y la fisiología de las plantas. La fragancia no es sólo un rasgo bonito. Es una característica que ha ido cambiando con el tiempo según la presión evolutiva y el ambiente. Sabemos que las rosas no producen su olor para el placer de los humanos. El perfume tiene una función biológica para las plantas, y descubrir el mecanismo genético detrás de ello llamó mi atención".

¿Por qué las rosas perdieron su olor, y podemos recuperarlo?
Según López-Gordillo, la desaparición del perfume en las rosas modernas fue una consecuencia no deseada del fitomejoramiento. Los mejoradores se concentraron en características como lograr flores más grandes, que duren más tiempo en un florero y que no se enfermen. Al seleccionar rosas con estas características deseadas, muchos de los genes que producen el olor se volvieron menos activos o se apagaron completamente.
El objetivo de la investigación de López-Gordillo es restaurar el perfume de las rosas a través de entender cómo se encienden y apagan estos genes relacionados al olor. Si los científicos logran descubrir qué controla la fragancia, los mejoradores podrán crear rosas aromáticas sin sacrificar las otras cualidades que los consumidores buscan hoy en día.
"Una mejor comprensión de cómo la biosíntesis de COV es regulada podría ayudar a crear flores que no sólo sean más bonitas y aromáticas, sino también más resilientes, capaces de adaptarse a los cambios climáticos", dice la doctora.

Entonces, ¿cómo controlan las rosas la producción de su perfume?
López-Gordillo explica que la planta usa varios mecanismos regulatorios internos simultáneamente para coordinar la síntesis del olor, como pueden ser la regulación postranscripcional y la epigenética, esta última es una forma de regulación que controla la actividad de los genes sin modificar la secuencia de ADN. En las rosas, los COV florales se producen principalmente en los pétalos, pero no todo el tiempo. La producción del olor se calcula con precisión según el crecimiento de la flor y la hora del día. En muchas rosas, el olor es más fuerte temprano en la mañana, que es cuando los insectos polinizadores están más activos.
"Las rosas tienen un control espacial y temporal muy estricto para activar los genes del olor. Entender este momento exacto conecta los mecanismos moleculares con su significado fisiológico, como lo son los ritmos circadianos, sus respuestas a diferentes estreses, sus defensas y su coevolución con polinizadores", explica López-Gordillo.

¿Cuál es la parte favorita de tu trabajo?
"Mi parte favorita de una investigación es el proceso del descubrimiento. Lo veo como la tarea de un detective: empiezas con pistas sueltas, recolectando evidencia y poco a poco armas la historia que explica un fenómeno biológico. Me motiva el descubrir esa historia por medio del análisis de datos, la formulación de hipótesis y el diseño experimental. Aunque en la ciencia a veces hay resultados inesperados, me gusta superar esos retos que nos obligan a repensar nuestras hipótesis y desarrollar formas creativas para avanzar".
"Para mí, el aspecto más gratificante de la ciencia no es sólo obtener una respuesta, sino entender los mecanismos que conectan todas las piezas".
¿A dónde esperas que lleve esta investigación?
"Al final, entender cómo las plantas controlan su aroma no es sólo para que las rosas huelan mejor. Este tipo de investigación podría ayudar a crear cultivos más resilientes, mejorar la relación con los polinizadores y lograr sistemas de agricultura más sostenibles".
“Espero que el trabajo descrito en mi publicación ayude a crear lazos entre los descubrimientos en biología molecular vegetal y sus aplicaciones prácticas para el desarrollo de las industrias agrícolas y hortícolas”.
La doctora López-Gordillo también menciona que se podrían crear variedades ornamentales con nuevos perfiles aromáticos. Al comparar las rosas con la menta o la albahaca, se dio cuenta de que estas últimas producen su olor en las hojas, mientras que los genes responsables de los COVs en las rosas están activos casi exclusivamente en los pétalos. Esto la hizo pensar: si lográramos entender por qué el olor se limita en los pétalos, ¿podríamos en el futuro reprogramar los mecanismos genéticos para tener rosas con hojas perfumadas? Aunque es solo una idea, muestra cómo la investigación científica fundamental abre preguntas innovadoras para el futuro.
Así que la próxima vez que te detengas a oler una rosa, recuerda que detrás de su perfume hay una orquesta de moléculas muy avanzada que permanece en misterio pero que los investigadores, como la doctora López-Gordillo, están activamente estudiando. Y, por supuesto, Shakespeare tenía razón: Lo que llamamos rosa, con cualquier otro nombre exhalaría el mismo grato perfume.
LEER EL ARTÍCULO CIENTÍFICO EN:
López-Gordillo, M., Schuurink, R., Baudino, S., and Saint-Marcoux, D.Regulation of volatile biosynthesis in plants. Plant Physiology and Biochemistry, 236, pp. 111423. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.plaphy.2026.111423.
LEER MÁS EN:
Fang, J., Zhuang, Y., Wang, J., Lin, Y., Lan, T., y Huang, X. (2026) Beyond the single reference: pangenomic perspective on WRKY structural diversity and its role in trait adaptation across Oleaceae. Annals of Botany, 137(7), pp. 2041-2054. Disponible en: https://doi.org/10.1093/aob/mcag044.
Zhang, C., Jiang, Z., Yang, S., Li, S., Liang, Z. y Gao, X.(2025) Molecular investigation of the progenitors, origin and domestication patterns of diploid Chinese old garden roses. Annals of Botany, 137(3), pp. 655-672. Disponible en: https://doi.org/10.1093/aob/mcaf208.
Cover photo: Dr. Mariana López-Gordillo, originaria de Guatemala, es una joven investigadora en biología molecular de plantas. Créditos: Dr. López-Gordillo.