
Por lo general, a los estudiantes se les enseña cómo las plantas incorporan el ADN de su óvulo original y el polen para crear una nueva planta diploide (dos cromosomas). Generan nuevos óvulos haploides (un cromosoma) y polen y estos viajan para formar nuevas plantas. Entonces el ciclo continúa, alternando entre generaciones de uno o dos organismos cromosómicos.
La realidad puede ser mucho más desordenada. Por ejemplo, ¿qué sucede si el polen equivocado fertiliza un óvulo?
Por lo general, nada, pero a veces el código genético es lo suficientemente cercano como para producir un híbrido, un cruce entre las dos plantas progenitoras. En otras ocasiones en lugar de obtener un cromosoma de cada progenitor, la planta adquiere más convirtiéndose en un allopoliploide, con genes de sobra.
En la práctica ordinaria, una planta puede heredar una mezcla de versiones dominantes y recesivas de genes, conocida como alelos. En un artículo en New Phytologist, Kevin pájaro y colegas observe cómo un genoma completo, o más bien un subgenoma, puede volverse dominante cuando una planta se hibrida.
Familiarizarse con la mecánica genética de la hibridación podría ser de gran valor. Los autores escriben: “Saber si un subgenoma se volverá dominante o recesivo puede permitir a los criadores predecir mejor qué cruces producirán los rasgos deseados. Los alelos asociados con rasgos agronómicos favorables pueden enmascararse si se incorporan a un fondo genómico más dominante, o los alelos indeseables pueden desenmascararse de un subgenoma recientemente dominante”.
