Las plantas son increíblemente diversas, ¡y también lo son los botánicos! En su misión de difundir historias fascinantes sobre el mundo vegetal, Botany One también te presenta a los científicos que están detrás de estas grandes historias.
Hoy nos acompaña el Dr. Edel Pérez-López, profesor asociado y titular de la Cátedra de Investigación de Canadá en invasiones de insectos vectores y enfermedades emergentes de las plantas en la Universidad Laval, donde dirige un grupo de investigación centrado en patógenos vegetales y sus insectos vectores. El trabajo del Dr. Pérez-López se sitúa en la intersección de la fitopatología, la entomología, la genómica y la inteligencia artificial. En términos generales, su grupo busca comprender cómo interactúan los patógenos vegetales con sus huéspedes y cómo los insectos contribuyen a la propagación de estas enfermedades.
El equipo de Pérez-López actualmente se centra en dos líneas de investigación principales. La primera se centra en: Plasmodiophora brassicae, el agente causal de la hernia de la col en cultivos de Brassica, como repollo, nabo y brócoli. Utilizan genómica, IA y biología funcional para identificar genes de resistencia y apoyar el desarrollo de variedades resistentes duraderas. La segunda línea se centra en los saltamontes, vectores clave de enfermedades bacterianas y virales de las plantas. Aquí, estudian su ecología, patrones de migración e interacciones con las plantas hospedantes en climas cambiantes.
En ambas líneas, integran herramientas genómicas, modelos predictivos y enfoques basados en IA. En última instancia, el objetivo del equipo de Pérez-López es contribuir a la agricultura sostenible reduciendo el uso de pesticidas y mejorando la resistencia de los cultivos. Puedes seguir su trabajo y actualizaciones a través de las redes sociales y plataformas de divulgación del laboratorio, donde compartimos regularmente los aspectos más destacados de la investigación y las experiencias de campo, incluyendo: LinkedIn, Bluesky y la Facebook.
¿Qué te hizo interesarte por las plantas?
Curiosamente, durante mis primeros estudios de bioquímica no me interesaban especialmente las plantas. De hecho, la morfología vegetal fue una de las asignaturas que me resultó más difícil. Las plantas son mucho más complejas de lo que se suele pensar, y su diversidad es abrumadora; siempre hay una excepción a cada regla, lo cual puede ser a la vez frustrante y fascinante.
Mi perspectiva cambió hacia el final de mi licenciatura, cuando me interesó la fitopatología. Tuve la oportunidad de trabajar en un laboratorio de bacteriología vegetal, y esa experiencia transformó por completo mi forma de pensar. Lo que me fascinaba no era solo el patógeno en sí, sino también la capacidad de la planta para responder a la infección. Las plantas son sistemas increíblemente dinámicos, que constantemente perciben y reaccionan a su entorno.
Fue entonces cuando comprendí que las plantas no son organismos pasivos; son activas, reactivas y sumamente sofisticadas. La complejidad de las interacciones planta-microbio, junto con su importancia directa para la producción de alimentos y los ecosistemas, hizo que este campo resultara intelectualmente apasionante y significativo. Desde ese momento, quedé completamente fascinado.
¿Qué le motivó a dedicarse a su actual área de investigación?
Mi trayectoria en la investigación no fue lineal, lo cual, creo, influyó positivamente en mi perspectiva. Tras finalizar mis estudios de pregrado en Cuba, trabajé dos años en un instituto de investigación estrechamente vinculado al sector agrícola, en particular a la producción de frutas y cítricos. Esta experiencia me permitió conocer de cerca los desafíos reales que enfrentan los agricultores y el impacto directo de las enfermedades de las plantas en sus medios de subsistencia.
Trabajar junto a los productores, presenciar las consecuencias de las pérdidas de cosechas y contribuir a soluciones prácticas me dio un fuerte sentido de propósito. Fue durante este tiempo que me sentí profundamente motivado a continuar en fitopatología, pero con una base científica más sólida. Esto me llevó a cursar un doctorado, con el apoyo de una beca del gobierno mexicano.
Durante mi doctorado, me centré en una importante enfermedad que afecta al maíz en Latinoamérica, trabajando con variedades nativas de maíz en México, centro de origen y domesticación de este cultivo. Esta experiencia reforzó mi interés por combinar la ciencia fundamental con resultados aplicados. También puso de manifiesto la interrelación entre los contextos culturales, ecológicos y agrícolas, lo cual sigue motivando mi investigación en la actualidad.

¿Cuál es tu parte favorita de tu trabajo relacionada con las plantas?
Uno de los aspectos que más me gustan de trabajar con plantas es la constante oportunidad de descubrir algo nuevo. Observar cómo crecen, se desarrollan y responden a diferentes condiciones, especialmente ante la presión de las enfermedades, siempre es fascinante. Hay algo singularmente gratificante en observar fenotipos nunca antes vistos, sobre todo al trabajar con líneas de plantas nuevas o modificadas genéticamente.
Las plantas también ofrecen un sistema experimental extraordinario. Nos permiten poner a prueba hipótesis en múltiples niveles, desde interacciones moleculares hasta respuestas de organismos completos. Observar cómo pequeños cambios genéticos o ambientales se traducen en rasgos visibles resulta increíblemente gratificante.
Más allá del aspecto científico, trabajar con las plantas también genera una apreciación más profunda. Son la base de nuestros sistemas alimentarios y ecosistemas. Su estudio está directamente relacionado con la seguridad alimentaria, la sostenibilidad y el bienestar humano.
¿Hay alguna planta o especie específica que haya intrigado o inspirado su investigación? Si es así, ¿cuáles son y por qué?
Sí, curiosamente, mi fascinación por las plantas comenzó con los musgos. Durante la secundaria, tuve una profesora de biología que tenía un pequeño terrario lleno de musgos en su oficina. Lo usaba para enseñarnos sobre el desarrollo y los ciclos de vida de las plantas, y recuerdo haber quedado completamente cautivado por su estructura y crecimiento. Los musgos pueden parecer simples a primera vista, pero son sistemas increíblemente elegantes. Su ciclo de vida, su capacidad para prosperar en ambientes húmedos y sus estructuras reproductivas me fascinaron. Ese primer contacto con las plantas despertó mi curiosidad por la biología vegetal.
Aunque mi carrera no se centró finalmente en los musgos, un campo bastante especializado, sigo sintiendo una fuerte conexión con ellos. Siempre que me encuentro con musgos en la naturaleza, sobre todo en bosques húmedos o ambientes sombreados, me detengo un momento para observarlos con atención. Es como reconectar con el origen de mi curiosidad científica.

¿Podrías compartirnos alguna experiencia o anécdota de tu trabajo que haya marcado tu carrera y reafirmado tu fascinación por las plantas?
Una de las experiencias más significativas de mi carrera ha sido trabajar directamente con agricultores. Durante mi doctorado, pasé tiempo en pequeñas comunidades agrícolas en las montañas del sureste de México. No se trataba de grandes explotaciones industriales, sino de pequeñas parcelas familiares donde la agricultura está profundamente ligada a la vida cotidiana.
Recuerdo vívidamente ver a los agricultores cosechar el maíz a mano, limpiarlo y prepararlo para el consumo. Presenciar todo el proceso, desde la planta hasta el alimento, fue increíblemente impactante. Me hizo darme cuenta de lo desconectados que estamos muchos de nosotros del origen de lo que comemos.
Estos momentos fueron científicamente significativos y profundamente humanos. Para estas familias, los cultivos no son solo mercancías; son fundamentales para su seguridad alimentaria, su cultura y su estabilidad económica. Ser testigo de esto de primera mano reforzó la importancia de nuestro trabajo. Me recordó que la ciencia de las plantas no se trata solo de comprender los sistemas biológicos, sino también de contribuir al sustento de las comunidades. Esa perspectiva sigue guiando y motivando mi investigación hoy en día.
¿Qué consejo le daría a los jóvenes científicos que estén considerando una carrera en biología vegetal?
Mi principal consejo sería: ten paciencia y mantén la curiosidad. A menudo se subestima a las plantas; no son organismos simples. Al contrario, son increíblemente complejas y están llenas de sorpresas. El progreso en biología vegetal a veces puede parecer lento, pero la perseverancia es clave.
También animo a los jóvenes científicos a adoptar enfoques interdisciplinarios. Algunos de los avances más interesantes en la ciencia vegetal actual provienen de la integración de la genómica, la ecología, las herramientas computacionales e incluso la inteligencia artificial. Estar abiertos a aprender nuevos métodos y colaborar entre diferentes campos puede marcar una gran diferencia.
Otro punto importante es vincular tu investigación con desafíos del mundo real. Ya sea seguridad alimentaria, cambio climático o agricultura sostenible, la biología vegetal tiene un impacto directo en la sociedad. Mantener esta perspectiva puede ser muy motivador. Por último, no temas explorar caminos no lineales. Las carreras científicas rara vez son sencillas, y las experiencias diversas, ya sea en la industria, el trabajo de campo o en diferentes países, pueden enriquecer tu perspectiva y dar forma a tu investigación de manera significativa.
¿En qué suele equivocarse la gente acerca de las plantas?
Una de las ideas erróneas más extendidas es que las plantas son organismos simples o pasivos. En realidad, son increíblemente sofisticadas. Perciben su entorno, se comunican químicamente y responden dinámicamente al estrés, a los patógenos e incluso a las plantas vecinas. Otro error común es pensar que trabajar con plantas es fácil. De hecho, la biología vegetal requiere mucha paciencia. Los experimentos pueden durar semanas o meses, y la variabilidad suele ser alta porque las plantas responden a cambios ambientales sutiles.
La gente suele subestimar la importancia de las plantas en nuestra vida diaria. Además de ser fuente de alimento, son fundamentales para los ecosistemas, la regulación del clima e incluso la salud humana. Sin las plantas, la vida tal como la conocemos no existiría. Por lo tanto, sin duda, las plantas merecen mayor reconocimiento.
