Las plantas son increíblemente diversas, ¡y también lo son los botánicos! En su misión de difundir historias fascinantes sobre el mundo vegetal, Botany One también te presenta a los científicos que están detrás de estas grandes historias.
Hoy les presentamos a la Dra. Carla Maldonado, botánica boliviana apasionada por la conservación de plantas, los bancos de semillas y la biodiversidad. Su trayectoria en la botánica comenzó en el Herbario Nacional de Bolivia, donde empezó como estudiante, se desarrolló profesionalmente y finalmente se convirtió en su directora durante siete años. Su investigación se centró inicialmente en taxonomía, filogenética y ecología, pero con el tiempo, se dio cuenta de que todo este conocimiento tiene un propósito mayor: la conservación. Hoy en día, lidera proyectos para proteger especies en peligro de extinción como... Cinchona anderssonii, Puya raimondii y Coussapoa david-smithiiColabora con instituciones nacionales e internacionales para integrar la botánica con otras disciplinas. Desde 2011, Maldonado es profesora de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), donde forma a futuros botánicos y conservacionistas. Sus estudios de posgrado en Dinamarca ampliaron su perspectiva y reforzaron su convicción de que el conocimiento debe compartirse. En los últimos años, se ha centrado cada vez más en la participación comunitaria, garantizando que la conservación no sea solo una actividad académica, sino un movimiento que empodere a las personas y fortalezca su conexión con la naturaleza.

¿Qué te hizo interesarte por las plantas?
Mi amor por la botánica no fue inmediato. Cuando empecé a estudiar biología, me fascinaba la vida misma, pero no sabía dónde enfocarme. Sin embargo, a medida que profundizaba en mis estudios, me cautivaron las plantas, no solo por su diversidad y capacidad para prosperar en entornos extremos, sino por sus intrincadas relaciones con otros organismos.
Bolivia es una tierra de contrastes, desde exuberantes selvas tropicales hasta áridas tierras altas, y me asombró descubrir que incluso en lugares donde la vida parece casi imposible, las plantas siempre encuentran la manera de existir. Cada bosque, matorral y pradera esconde un mundo entero esperando ser explorado.
Además, tuve la suerte de conocer mentores, colegas y comunidades que compartieron conmigo su pasión por las plantas. Instituciones como la UMSA, la Universidad de Copenhague, el Jardín Botánico de Missouri, Botanic Gardens Conservation International y el Real Jardín Botánico de Kew también desempeñaron un papel crucial en mi crecimiento, reforzando mi convicción de que la botánica no se trata solo de memorizar especies, sino de comprender la vida en su esencia.

¿Qué le motivó a dedicarse a su actual área de investigación?
Inicialmente me centré en la taxonomía, estudiando la evolución de las plantas. Para mi doctorado, investigué... Cinchona (rubiáceas), famosa por sus propiedades medicinales. Me fascinó cómo estas plantas se conectan con su ecología, sus compuestos químicos y, sobre todo, con las comunidades humanas que las han utilizado durante siglos. Esta intersección entre el conocimiento científico y la sabiduría tradicional transformó mi perspectiva sobre la botánica. Comprendí que el conocimiento local es tan valioso como la investigación científica y que integrar ambos es crucial para la conservación. Si bien muchas especies están bien documentadas, muchísimas otras permanecen sin descubrir; algunas podrían desaparecer incluso antes de que tengamos la oportunidad de estudiarlas.
La deforestación, la destrucción del hábitat y el cambio climático amenazan ecosistemas enteros, lo que refuerza mi compromiso con in situ y ex situ Conservación. Gracias al apoyo de mentores e instituciones de todo el mundo, llegué a ver la botánica no solo como una disciplina científica, sino como una conexión profunda y vital entre las plantas y la supervivencia humana.
¿Cuál es tu parte favorita de tu trabajo relacionada con las plantas?
Lo que más me gusta de la botánica es su increíble diversidad de experiencias. Disfruto del trabajo de campo: recorrer bosques, descubrir especies y observar plantas en sus hábitats naturales. Es emocionante descubrir algo nuevo y comprender cómo las plantas interactúan con sus ecosistemas. También valoro el trabajo en herbarios y laboratorios, donde las muestras revelan detalles ocultos cruciales para la conservación.
Pero sobre todo, lo que más alimenta mi pasión es compartir conocimientos. Ya sea con estudiantes, colegas o comunidades locales, me encanta presenciar el momento en que una simple conversación cambia la perspectiva de alguien sobre las plantas. A menudo las damos por sentado, pero cuando comprenden su valor, empiezan a cuidarlas.
Para mí, la conservación no se trata solo de preservar especies, sino de inspirar a otros a ver las plantas no solo como un telón de fondo, sino como seres esenciales y dinámicos que moldean nuestro mundo. Esa, para mí, es la verdadera esencia de la conservación.
¿Hay alguna planta o especie específica que haya intrigado o inspirado su investigación? Si es así, ¿cuáles son y por qué?
Sí, y su nombre es “quina”. Estas plantas del género Cinchona Me cautivaron, no solo por su valor medicinal y significado histórico, sino también porque representan el intrincado vínculo entre la ciencia, la salud humana y la conservación. Estudiar Cinchona reveló cómo las plantas dan forma a las sociedades, desde la medicina hasta la cultura, y profundizó mi aprecio por su papel en nuestras vidas.
Con el tiempo, mi enfoque se amplió y uno de mis proyectos clave ahora es conservar Puya raimondii, una bromelia gigante endémica de los Andes que se encuentra en peligro crítico de extinción. Esta planta es extraordinaria: puede tardar hasta un siglo en florecer, florece solo una vez y luego muere. Lidero este proyecto como investigadora del Herbario y directora del Programa del Jardín Botánico de Missouri en Bolivia, junto con un equipo comprometido de varias otras instituciones.
Proteger Puya raimondii Ha sido un gran desafío y un privilegio a la vez. Me recuerda por qué la conservación es importante, no solo para la biodiversidad, sino también para mantener el patrimonio ecológico y cultural que representan las plantas.

¿Podrías compartirnos alguna experiencia o anécdota de tu trabajo que haya marcado tu carrera y reafirmado tu fascinación por las plantas?
Mi primera expedición de campo al Amazonas fue inolvidable. Nací a 3,600 metros sobre el nivel del mar y estaba acostumbrado al frío, así que enfrentarme al intenso calor, la humedad y los incesantes insectos de la selva tropical fue un verdadero desafío.
Recuerdo que mi amigo y yo teníamos tanto miedo de los ríos turbios y llenos de sedimentos que evitamos bañarnos durante días. Pero después de largas y sudorosas jornadas de trabajo de campo bajo el sol, no había escapatoria: ya no nos soportábamos y no tuvimos más remedio que zambullirnos.
Esa experiencia me enseñó que el trabajo de campo no se trata solo de recolectar plantas, sino de adaptación, resiliencia y de aceptar lo desconocido. Con los años, he encontrado mi zona de confort en los bosques de montaña en lugar de las tierras bajas, pero ese primer viaje sigue siendo un momento decisivo, recordándome que el crecimiento ocurre cuando superamos nuestros límites.
¿Qué consejo le daría a los jóvenes científicos que estén considerando una carrera en biología vegetal?
Sueña en grande y trabaja con pasión. La ciencia no es un camino fácil, pero es increíblemente gratificante. Habrá desafíos, pero si de verdad amas lo que haces, encontrarás la manera de superarlos.
A los jóvenes científicos les digo: la biología vegetal tiene cabida para todos. La conservación y la botánica necesitan voces, perspectivas y talentos diversos. Algunos pueden encontrar su pasión en el trabajo de campo, otros en el laboratorio y otros en el trabajo con las comunidades. Toda contribución es valiosa.
Lo más importante es que no elijas una carrera basándote en modas o expectativas; elige lo que te apasiona. La pasión y la perseverancia te llevarán más lejos que cualquier otra cosa. Y recuerda: la ciencia no se trata solo de conocimiento, sino de compartirlo y marcar la diferencia.
¿En qué suele equivocarse la gente acerca de las plantas?
Mucha gente ve las plantas simplemente como un fondo verde en la naturaleza, sin darse cuenta de que son la base de la vida. Nos proporcionan alimento, medicinas, refugio y oxígeno; sin embargo, a menudo las pasamos por alto.
Otra idea errónea es que trabajar con plantas es fácil, como si la botánica consistiera simplemente en caminar por el bosque recogiendo flores. En realidad, el trabajo de campo puede ser físicamente exigente y requiere resistencia, paciencia y habilidades técnicas. Recolectar especímenes de árboles, por ejemplo, implica escalar, largas caminatas y condiciones climáticas extremas.
Pero el mayor malentendido es no reconocer el inmenso valor de las plantas. Regulan nuestro clima, sustentan los ecosistemas y sustentan la vida humana de maneras que rara vez consideramos. Una vez que empiezas a comprenderlas, nunca vuelves a ver el mundo de la misma manera.


Carlos A. Ordóñez Parra
Carlos (él/él) es un ecólogo de semillas colombiano que actualmente realiza su doctorado en la Universidade Federal de Minas Gerais (Belo Horizonte, Brasil) y trabaja como editor científico en Botany One y como responsable de comunicaciones en la Sociedad Internacional de Ciencias de Semillas. Puedes seguirlo en BlueSky en @caordonezparra.
