Las plantas son increíblemente diversas, ¡y también lo son los botánicos! En su misión de difundir historias fascinantes sobre el mundo vegetal, Botany One también te presenta a los científicos que están detrás de estas grandes historias.
Hoy les presentamos a Bethina Stein, estudiante de segundo año de doctorado en Biología Vegetal en la Universidade Estadual de Campinas (UNICAMP, Brasil). Su investigación busca cuantificar las reservas de carbono y la biodiversidad, tanto superficial como subterránea, en diferentes fisonomías del Cerrado. Stein también investiga cómo las características del suelo se relacionan con la estructura de la vegetación. Paralelamente, colabora en proyectos del grupo de investigación del Centro de Ecología Integrativa, del que formo parte, como el desarrollo de nuevos métodos para la propagación de especies de pastizales y sabanas y la difusión del conocimiento sobre estas fisonomías y su papel en la prestación de servicios ecosistémicos. Pueden obtener más información sobre «Campos do Cerrado», uno de los proyectos en los que participa, en el siguiente enlace: https://goias.gov.br/camposdocerrado/

¿Qué te hizo interesarte por las plantas?
Mis padres se criaron en el campo, y desde muy pequeña crecí con la convicción de que no hay camino posible sin trabajar la tierra y tener contacto directo con las plantas. Ver a mis familiares cuidando los jardines o trabajando en la granja siempre me dio la certeza de que, de alguna manera, quería seguir ese mismo camino. Sin embargo, quería recorrerlo por una ruta que ellos no tuvieron la oportunidad de elegir, pero a la que, gracias a ellos, yo sí pude acceder.
Además, mi madre, maestra de educación infantil, siempre me involucró en actividades y eventos que resaltaban la importancia de la naturaleza y su conservación. Esa influencia fue fundamental para forjar mi conciencia ambiental desde la infancia. La decisión definitiva llegó durante mis estudios de pregrado, alrededor del segundo año, cuando participamos en la creación de un museo viviente en el curso de Biología y Taxonomía de Criptógamas. Fue entonces cuando me encontré completamente inmerso en el mundo de las plantas. A partir de esa experiencia, inicié mi trayectoria científica con un proyecto de investigación de pregrado en Ecología Vegetal, y desde entonces he permanecido en este campo.
¿Qué le motivó a dedicarse a su actual área de investigación?
Gracias a una oportunidad que me presentó un querido amigo e impulsado por el deseo de explorar algo nuevo, concluí mi investigación en la Mata Atlántica, el bioma donde crecí y donde completé mi licenciatura en 2019. En 2021, comencé un puesto técnico en el Instituto de Biología de la Universidad Estatal de Campinas, lo que marcó un antes y un después en mi carrera. Durante ese tiempo, tuve contacto directo con estudiantes de doctorado, posdoctorados y profesores que investigaban en el Cerrado. Colaborar en estos proyectos despertó un profundo interés por el bioma y reforzó mi pasión por la Ecología Aplicada. A partir de entonces, ingresé al programa de maestría y profundicé mi trabajo con especies de sabana y pastizales, explorando también sus estructuras subterráneas. La fascinación fue inmediata. ¡La diversidad que se revela, tanto en la superficie como bajo tierra, es asombrosa! Incluso ante desafíos tan grandes, sigo comprometido con destacar la importancia de conservar este fascinante y descuidado sistema.
¿Cuál es tu parte favorita de tu trabajo relacionada con las plantas?
Con el paso de los años, esta respuesta probablemente habrá sido diferente, y en el futuro, probablemente lo volverá a ser. Pero hoy, lo que más me cautiva es investigar la diversidad que se esconde y se revela en las fisonomías de pastizales y sabanas, especialmente en las estructuras subterráneas. Estos sistemas ofrecen un universo de posibilidades: es posible cuantificar el almacenamiento de carbono, estimar la edad de los órganos subterráneos, identificar patrones de distribución y, al mismo tiempo, reconocer cuánto aún desconocemos. Es en ese espacio entre el misterio y el descubrimiento donde reside mi entusiasmo. Disfruto del reto de intercambiar ideas con colegas, debatir hipótesis, probar enfoques y buscar soluciones. Cada fase de este viaje tiene su parte favorita, marcada por nuevos aprendizajes y obstáculos. Y es precisamente esta transformación constante la que hace que el viaje sea tan enriquecedor y estimulante.

¿Hay alguna planta o especie específica que haya intrigado o inspirado su investigación? Si es así, ¿cuáles son y por qué?
¿Puedo decir "todas"? Es broma, pero en cierto modo, no me desvío demasiado. Siento un especial aprecio por la ecología de comunidades y ecosistemas, y en ese contexto, algunos grupos de especies de sabanas y pastizales, especialmente las del estrato herbáceo-arbustivo, me han inspirado profundamente. Son plantas pequeñas de crecimiento lento, pero con sorprendentes estrategias de supervivencia. Muchas han desarrollado mecanismos que les permiten un rápido rebrote tras perturbaciones y la colonización mediante propagación vegetativa. Algunas incluso florecen durante la estación seca, cuando todo parece más hostil. Comprender cómo estas especies interactúan con su entorno y cómo pueden incorporarse a las estrategias de restauración ecológica es un reto fascinante.
¿Podrías compartirnos alguna experiencia o anécdota de tu trabajo que haya marcado tu carrera y reafirmado tu fascinación por las plantas?
Quizás no esté directamente relacionado con mi fascinación por las plantas, pero sí con mi pasión por la investigación. Durante mi maestría, trasplantamos 100 núcleos (pequeñas parcelas de vegetación con tierra, raíces y plantas) de una zona conservada a una degradada, donde monté mi experimento. Lo hicimos todo en un solo día, con un coche normal, mucha determinación y el apoyo de personas increíbles que me acompañaron en esta "locura". Esa experiencia reforzó una de las lecciones más valiosas de la vida académica: nadie hace ciencia solo. La colaboración, el apoyo mutuo y la construcción colectiva son tan esenciales como los datos y los resultados.

¿Qué consejo le daría a los jóvenes científicos que estén considerando una carrera en biología vegetal?
Esta pregunta es desafiante, sobre todo porque todavía estoy forjando mi camino como joven investigador. Pero lo que me atrevo a decir es la importancia de prestar atención a las oportunidades y al corazón por igual. ¡Ser leal a uno mismo y a quienes te apoyaron es fundamental!
A veces, el camino no tiene por qué empezar directamente con estudios de posgrado. En mi caso, explorar otras posibilidades, como terminar mi licenciatura y trabajar como técnico en dos proyectos distintos antes de cursar un máster, fue fundamental para comprender qué camino quería seguir y qué era lo que realmente me motivaba en la investigación.
¿En qué suele equivocarse la gente acerca de las plantas?
La idea de que las plantas son seres pasivos, sin impacto en el medio ambiente, es un grave error. Observar una planta significa ver la complejidad de las interacciones que establece con el aire, el suelo, las raíces, el agua y los animales (humanos y no humanos). Otro error es pensar que el tamaño es directamente proporcional a la importancia. Cada bioma es único, y cada especie que lo habita desempeña un papel fundamental; ninguna debe pasarse por alto. Y quizás el mito más peligroso: creer que los efectos de la degradación se limitan al lugar donde ocurren. Lo cierto es que los biomas están interconectados. Cuando un sistema se ve comprometido, se desencadena una reacción en cadena que repercute mucho más allá de ese territorio.


Carlos A. Ordóñez Parra
Carlos (él/él) es un ecólogo de semillas colombiano que actualmente realiza su doctorado en la Universidade Federal de Minas Gerais (Belo Horizonte, Brasil) y trabaja como editor científico en Botany One y como responsable de comunicaciones en la Sociedad Internacional de Ciencias de Semillas. Puedes seguirlo en BlueSky en @caordonezparra.
