Las plantas son increíblemente diversas, ¡y también lo son los botánicos! En su misión de difundir historias fascinantes sobre el mundo vegetal, Botany One también te presenta a los científicos que están detrás de estas grandes historias.
Hoy tenemos al Dr. Alexander Bowles, investigador asociado de Glasstone en la Universidad de Oxford (Reino Unido). Su investigación se centra en la diversificación de plantas y algas durante los últimos mil millones de años, explorando los procesos evolutivos que han llevado a su extraordinaria diversidad. Está particularmente interesado en cómo la historia evolutiva de las plantas ha impactado a otros organismos. Alex combina trabajo de campo, genómica y análisis filogenéticos para descubrir los patrones y procesos ocultos que subyacen a la evolución de plantas y algas. Más allá de la investigación, comparte su pasión por las plantas a través de la divulgación y la participación. Los lectores pueden seguir su trabajo a través de Bluesky como @alexmcbowles.bsky.social, donde publica información sobre investigaciones en curso, descubrimientos y perspectivas sobre el mundo vegetal.
¿Qué te hizo interesarte por las plantas?
Siempre he sentido curiosidad por el mundo natural y el papel que desempeñan las plantas en su mantenimiento, pero mi interés profesional surgió más tarde durante mi formación académica. Tras obtener un máster en Ecología, Evolución y Conservación, no estaba segura de si debía cursar un doctorado. Tuve la suerte de conseguir unas prácticas en los Jardines Botánicos Reales de Kew, donde trabajé en el proyecto PAFTOL (Plant and Fungal Trees of Life). Observar la increíble diversidad de plantas en las colecciones vivas y de herbario de Kew, y reflexionar sobre ellas desde una perspectiva evolutiva, fue realmente inspirador. Me hizo meditar sobre la profunda historia de la vida en la Tierra y los procesos que la han moldeado. A partir de ese momento, supe que quería contribuir al avance de nuestra comprensión de la evolución de las plantas mediante un doctorado.
¿Qué le motivó a dedicarse a su actual área de investigación?
Mis prácticas en los Jardines Botánicos Reales de Kew me pusieron en contacto con investigadores apasionados por comprender las plantas y su significado más amplio. Observar cómo abordaban las cuestiones científicas —con curiosidad, rigor y creatividad— me influyó profundamente. Al comenzar mi doctorado, descubrí cuánto disfrutaba diseñando experimentos e investigando preguntas sin respuesta en la evolución de las plantas. Empecé a ver la investigación como una forma de resolver problemas: reunir pruebas mediante un análisis cuidadoso para desvelar historias hasta entonces desconocidas sobre la historia de la vida. Estudiar biología evolutiva de las plantas, donde el tiempo profundo enmarca cada pregunta, también ha moldeado mi forma de pensar sobre el presente y nuestro lugar en el mundo natural. Este reto intelectual y esta perspectiva son los que siguen motivándome en mi carrera.
¿Cuál es tu parte favorita de tu trabajo relacionada con las plantas?
Uno de los aspectos que más me fascinan de trabajar con plantas es la enorme cantidad de preguntas sin respuesta que plantean. A pesar de su importancia fundamental para la vida en la Tierra, las plantas siguen estando sorprendentemente poco exploradas. Su diversidad —en forma, función e historia evolutiva— implica que siempre hay algo nuevo por descubrir. Me resulta especialmente emocionante la sensación de descubrimiento: identificar una adaptación previamente desconocida o comprender cómo un linaje desarrolló un rasgo novedoso se siente como reconstruir parte de una historia mucho más amplia. Esa oportunidad constante de aprender y revelar algo desconocido hasta ahora es profundamente motivadora y hace que trabajar en botánica sea a la vez un reto intelectual y enormemente gratificante.
¿Hay alguna planta o especie específica que haya intrigado o inspirado su investigación? Si es así, ¿cuáles son y por qué?
Siempre me han interesado las plantas en toda la extensión del linaje verde, desde las algas hasta las angiospermas, porque cada especie lleva una historia evolutiva única. Las algas glaciares me fascinan particularmente: estos organismos microscópicos forman manchas de color púrpura oscuro en las superficies de hielo en las regiones polares y alpinas, donde no solo sobreviven sino que también dan forma activamente a su ecosistema al influir en el deshielo de los glaciares. Sus adaptaciones a la luz intensa, las temperaturas bajo cero y la limitación de nutrientes plantean interrogantes evolutivos fascinantes. También me ha interesado la evolución de la tolerancia al estrés en las plantas terrestres. Un ejemplo llamativo es Antártida DeschampsiaEs una de las dos únicas plantas con flores nativas de la Antártida. Los delicados brotes verdes de esta hierba surgen de la nieve y el suelo rocoso, sobreviviendo al frío extremo, la desecación y la alta radiación ultravioleta. El estudio de estas especies ayuda a revelar los mecanismos genéticos y fisiológicos que permiten la supervivencia en los límites de la vida.

¿Podrías compartirnos alguna experiencia o anécdota de tu trabajo que haya marcado tu carrera y reafirmado tu fascinación por las plantas?
Más que un momento puntual, una experiencia que moldea continuamente mi fascinación por las plantas es mi paseo diario. Disminuyo el ritmo, observando las hojas, las flores y los sutiles patrones de crecimiento, dejando que el compás de la caminata despierte nuevas preguntas sobre la forma, la función y la adaptación. Aquí, en la lluviosa Oxford, las campanillas de invierno están terminando su floración, los amentos aparecen en las ramas desnudas y los acónitos y eléboros de invierno alegran el sotobosque. Pronto, los crocos y los narcisos anunciarán los primeros signos de la primavera. Estos pequeños encuentros —ordinarios pero extraordinarios a su manera— me recuerdan constantemente que cada planta tiene una historia que contar, ya sea evolutiva, ecológica o fisiológica. Este ritual diario no solo profundiza mi aprecio por el mundo botánico, sino que también inspira la curiosidad y el cuidado que impulsan mi investigación.

¿Qué consejo le daría a los jóvenes científicos que estén considerando una carrera en biología vegetal?
Mi principal consejo es elegir un tema que realmente te apasione y motive. La curiosidad es el motor de la investigación, y la pasión te ayudará a superar los inevitables desafíos de los experimentos, el trabajo de campo o el análisis de datos. Explora un amplio abanico de temas desde el principio —desde algas hasta plantas con flores, desde mecanismos moleculares hasta interacciones ecológicas— para descubrir qué es lo que realmente despierta tu imaginación. Busca mentores, prácticas y colaboraciones; trabajar junto a investigadores experimentados no solo te enseñará habilidades prácticas, sino que también te inspirará nuevas perspectivas. Por último, recuerda que la ciencia consiste tanto en formular preguntas como en encontrar respuestas. Mantente abierto a las sorpresas, acepta los fracasos como oportunidades de aprendizaje y celebra los pequeños descubrimientos a lo largo del camino. Una carrera en biología vegetal es increíblemente gratificante para quienes mantienen la curiosidad.
¿En qué suele equivocarse la gente acerca de las plantas?
A menudo se considera a las plantas como personajes secundarios, mero escenario del mundo animal. En realidad, las plantas son participantes infinitamente fascinantes y activas en los ecosistemas. Perciben y responden a su entorno, se comunican químicamente, compiten y cooperan, e impulsan el flujo de energía y nutrientes que sustentan la vida. La venus atrapamoscas se cierra en milisegundos para capturar a sus presas, Acacia Los árboles contratan hormigas como guardaespaldas, y Rafflesia arnoldiiLa flor más grande del mundo sobrevive como planta parásita, extrayendo nutrientes de su huésped sin tener hojas, tallos ni raíces propias. Estos ejemplos demuestran que las plantas son innovadoras, estrategas y supervivientes. Apreciar su complejidad no solo profundiza el conocimiento científico, sino que también inspira admiración por el ingenio oculto del mundo vegetal.
