Tras 400 años, los científicos podrían conocer solo un tercio de la red de dispersión de semillas de Europa.
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Tras 400 años, los científicos podrían conocer solo un tercio de la red de dispersión de semillas de Europa.

Nuevas investigaciones demuestran que las mayores lagunas en la ciencia de la dispersión de semillas quizás no se encuentren donde los investigadores creen.

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Las plantas no pueden escapar de los problemas por sí solas, pero sus semillas pueden dispersarse con la ayuda de los animales. Algunos animales comen frutas y luego depositan las semillas en sus excrementos. Otros las transportan adheridas a su pelaje, plumas, patas o barro. Las hormigas pueden arrastrar las semillas hasta sus nidos, mientras que algunos vertebrados las transportan y almacenan activamente. Este movimiento cobra mayor importancia a medida que los ecosistemas cambian. El cambio climático, la pérdida de hábitat, las especies invasoras y la alteración del uso del suelo están transformando los espacios donde las plantas pueden sobrevivir.

Desde finales del siglo XVII, naturalistas y científicos han estado registrando qué animales dispersan qué semillas de plantas en Europa. Trabajos anteriores han demostrado que cientos de animales europeos dispersan semillas, desde aves y mamíferos hasta hormigas, escarabajos, peces, babosas, caracoles y lombrices de tierra. Sin embargo, este conocimiento no se ha acumulado de manera uniforme. Los investigadores suelen especializarse en un grupo de animales o en un método de dispersión, en parte porque cada uno requiere diferentes habilidades y métodos de campo. Un ecólogo de aves, por ejemplo, puede no estudiar hormigas; un especialista en hormigas puede no estudiar mamíferos. Esta especialización es útil, pero también puede dividir el campo en áreas aisladas. Si cada área se centra únicamente en sus propios animales, entonces resulta más difícil comparar sus funciones o detectar las principales lagunas en el conocimiento.

Un estudio reciente dirigido por Sara B. Mendes, investigador postdoctoral de la Universidad de Göttingen en Alemania, examinó más de 11 000 interacciones de dispersión de semillas registradas entre 1,902 especies de plantas y 455 especies de animales en Europa, preguntándose cuánto saben realmente los científicos después de 400 años de observaciones. Su respuesta: mucho menos de lo que podría sugerir la larga historia de estudio. El equipo estima que los científicos podrían haber registrado solo alrededor de un tercio de las interacciones de dispersión de semillas entre plantas y animales en Europa.

Zorzal charlo (Turdus viscivorus) con Rowan (Sorbus aucuparia) bayas. Foto de MPF (Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0).

Los resultados muestran un campo con una clara predilección por las aves. Los paseriformes, grupo que incluye muchas aves comunes como gorriones, pinzones y zorzales, aparecieron en casi un tercio de las publicaciones. Los mamíferos carnívoros y las aves acuáticas también recibieron una atención considerable. Por el contrario, las aves rapaces, los artrópodos (excepto las hormigas), los gasterópodos (como babosas y caracoles), los peces, los loros y las lombrices de tierra apenas estuvieron representados, apareciendo cada uno en aproximadamente el 1 % o menos de los estudios.

Mendes y sus colegas argumentan que este enfoque desigual es importante porque los ecosistemas no dependen de un único grupo de dispersores de semillas. Una planta puede tener varios animales asociados, y diferentes animales pueden transportar semillas a distintos lugares, en distintos momentos o a distintas distancias. Si los científicos estudian principalmente a los dispersores más conocidos, podrían pasar por alto animales raros, difíciles de observar o taxonómicamente complejos de identificar, pero que aun así son importantes desde el punto de vista ecológico. Algunos animales olvidados pueden proporcionar servicios que no pueden ser simplemente reemplazados por especies más conocidas. Un ave rapaz, un roedor o una hormiga pueden dispersar menos especies de plantas en general, pero aun así podrían ser los únicos dispersores conocidos de una semilla en particular, o podrían transportar semillas a distancias inusualmente largas. Esto es importante para la conservación, porque proteger solo a los dispersores más conocidos podría dejar a algunas plantas sin los socios que necesitan para propagarse, recuperarse después de una perturbación o adaptarse a climas adecuados.

El desequilibrio también se hizo evidente en la forma en que se estudió la dispersión de semillas. La mayoría de los estudios se centraron en la endozoocoria, donde los animales comen frutas o semillas y posteriormente las expulsan a través de su sistema digestivo. Otras vías, como las semillas adheridas al cuerpo de los animales, las transportadas por hormigas o las transportadas activamente por vertebrados, fueron mucho menos estudiadas.

La ardilla roja (Sciurus vulgaris), un dispersor conocido por transportar activamente semillas y almacenarlas. Este síndrome de dispersión se conoce como “sinzoocoria”. Foto de estrofa (Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0).

Cuando Mendes y sus colegas estimaron la exhaustividad del conocimiento disponible, las lagunas se hicieron más evidentes. Las aves rapaces, las hormigas y los roedores se destacaron como grupos particularmente desatendidos. Los carnívoros fueron el grupo mejor estudiado, lo que sugiere que el conocimiento actual sobre su papel en la dispersión de semillas ya es relativamente completo.

Pero “bien estudiado” no significa “terminado”. El análisis sugirió que miles de interacciones planta-animal aún esperan ser documentadas, incluidas muchas que involucran grupos conocidos como los paseriformes, ungulados y aves acuáticas. Las hormigas resultaron especialmente llamativas: aunque poco representadas, podrían explicar miles de interacciones de dispersión aún por descubrir. Las plantas con frutos carnosos también estaban mejor representadas que las plantas con frutos secos, a pesar de que las especies de frutos secos constituyen una gran parte de la flora europea. Esto es importante porque los animales pueden dispersar muchas semillas que, a primera vista, no parecen estar «diseñadas» para el transporte animal.

El estudio también reveló un punto ciego de índole más humana. Al comparar sus estimaciones estadísticas con lo que los científicos habían descrito previamente como áreas poco estudiadas, los resultados no siempre coincidían. En otras palabras, las impresiones de los investigadores no siempre señalaban dónde se encontraban las mayores lagunas. Esta discrepancia puede reflejar, en parte, la especialización del campo: el 92 % de los estudios se centraron en un solo tipo de dispersor. Este enfoque puede generar conocimiento detallado, pero también dificulta la comprensión de la red global. Además, las prioridades de conservación pueden verse influenciadas tanto por lo que los científicos consideran que falta como por lo que muestran los datos. En consecuencia, el análisis de Mendes y sus colegas sugiere que para identificar las lagunas se requiere más que intuición experta; también se necesita una visión integral de toda la red de dispersión de semillas.

Bardanas (Arctium) producen cabezas florales cuyas brácteas terminan en estructuras en forma de gancho que les permiten adherirse al pelaje de los animales, lo que ayuda a la dispersión de las semillas. Foto por Lamiot (Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0).

Tras cuatro siglos de observaciones, el mapa de dispersión de semillas en Europa aún está lejos de estar completo. Esto no significa que el trabajo anterior haya sido en vano; simplemente significa que la información es demasiado fragmentaria para orientar la conservación con certeza. A medida que el cambio climático, la pérdida de hábitat y las invasiones biológicas transforman los ecosistemas, las plantas dependerán cada vez más de los animales para transportar sus semillas a lugares en recuperación o a nuevos hábitats adecuados. Para comprender este proceso, los investigadores deberán ir más allá de los sospechosos habituales y conectar estudios de aves, mamíferos, hormigas, roedores, frutos secos y semillas adheridas a los cuerpos de los animales.

La solución no reside en abandonar los estudios focalizados. En cambio, los autores abogan por realizar más investigaciones que los conecten: estudios que reúnan diferentes grupos de animales, tipos de frutos y mecanismos de dispersión. En definitiva, el futuro de la investigación sobre la dispersión de semillas podría depender menos de encontrar un único dispersor estrella y más de comprender la red en su conjunto.

LEE EL ARTÍCULO:

Mendes SB, Sebastián-González E., Auffret AG, <em>et al.</em>. 2026. Los dispersores de semillas olvidados y la compartimentación de la investigación: ¿cuánto sabemos sobre lo que desconocemos? New Phytologist. https://doi.org/10.1111/nph.71294


Traducción al español y al portugués realizada por Erika Alejandra Chaves-Díaz.

Imagen de portada: A Camponoto hormiga en Cytisus striatus fruta. Foto de Luis Fernández García (Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0).

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Escrito por

Erika Alejandra Chaves-Diaz

Erika es una bióloga y ecóloga colombiana apasionada por los bosques tropicales, los primates y la divulgación científica. Posee una maestría en Ecología y Conservación de la Vida Silvestre y colabora con @cienciatropical para conectar a las personas con la biodiversidad.

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